Loli Pérez – Asalto

Asalto

Se quedó quieta. Relajó cada miembro. Primero las piernas, después los brazos, el torso, el cuello…Trató de que los ojos se quedaran abiertos, velados. Un mechón de pelo le cruzaba la cara. Tampoco lo sentía. La insensibilidad que había alcanzado llegaba a tal grado que ni lo veía. Solo oía sus gruñidos. Como un animal en celo. Furioso. Abría y cerraba las gavetas, revolvía, gruñía… Buscaba algo pero, ¿qué?

Pasó a su lado. Mejor, así pensaría que estaba muerta. Le olió el sudor. Apestaba. ¿A qué? Era una mezcla de tabaco viejo, ropa mal lavada y alcohol barato.

Volvió a pasar, esta vez, por encima de ella moviéndole el pie. Sabía que estaba descalza. Los zapatos habían saltado durante el forcejeo; de hecho se había torcido un tobillo rodando escaleras abajo. La alcanzó y la inmovilizó bajo su cuerpo. Le había golpeado en la frente con un cabezazo. Así perdió el conocimiento. Ahora sentía el hilillo de sangre que corría hacia el lado derecho de la sien. Goteaba hacia la oreja. Seguro que estaba manchando el suelo. Pero, no debía moverse. Sería mejor que creyera que seguía inconsciente. La camisa estaba abierta. Los botones habían reventado. La falda estaba rajada, seguro. Lo supo porque sus piernas estaban muy abiertas. ¿Y si se incorporaba para coger el cuchillo jamonero? No. Mejor no. Que creyera que estaba inconsciente. O muerta. Si pudiera llegar hasta el teléfono. Lo llevaba cuando la empujó. ¿Dónde se le había caído? Sí. Cuando rodó por la escalera. ¡Maldito bastardo!

Pero, ¿qué quería? Estaba claro que no la quería a ella. Ella no tenía nada de valor. Su vida era sencilla y rutinaria. No tenía problemas con nadie. Nunca se había metido en nada turbio. No tenía malas compañías, ni siquiera un mal novio. Ir al gimnasio, a su trabajo, sacar a pasear a Lucky en su paseo matutino… Lucky, ¿dónde estaba?

De repente dejó de oír a su asaltante.

-¡Lucía…! ¡Lucía…!, era la voz de su hermano-.

-¡Ra..ul! Estoy aquí, dijo incorporándose. Entonces sitió el dolor por la espalda.

-¡Luci! ¿Estás bien?- Se echó a llorar y se abrazó a su hermano.

-Espera, voy a llamar a una ambulancia. –Se acercó al frigorífico- ¡Maldito cabrón!, masculló. ¡Hijo de puta! -Empujó la puerta desde dentro y el panel cedió- Menos mal. No lo ha encontrado.

Loli Pérez

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