Rubén Mettini – La cajita de nácar

La cajita de nácar

Era el niño caprichoso. Después de 10 años de ser el mimado, el hijo único, detestaba la idea de tener hermanos.

Un día, abriendo cajones en el armario de mis padres, descubrí una preciosa cajita china lacada de negro, con incrustaciones de nácar. Preciosa. Nunca la había visto. No sabía qué podía guardarse allí. La abrí. Tenía mucho talco, también unos objetos redondos. No quise tocarlos. No sabía qué era eso, pero intuí que tenía que ver con la intimidad de ellos. Algo asqueroso. Los niños siempre aborrecen imaginar las relaciones de sus padres.  

Sin demora, saqué la cajita del oculto cajón, la guardé y, cuando salí a la calle, la tiré a la basura. Ni mis padres se atrevieron a preguntarme por la cajita desaparecida, ni yo la mencioné. El mutismo de ellos me confirmó que allí se guardaba algo prohibido. El robo pasó en silencio.

Al cabo de pocos meses, se hinchó el vientre de mi madre. Nueve meses después del robo, llegaron un par de detestables gemelos que ganaron el cariño y la atención de mamá y papá. Nunca más fui el preferido. Al cabo de un par de años, entendí que había sido un grave error tirar a la basura esa bonita cajita de nácar.

Rubén Mettini

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