TE RECOMENDAMOS… Finis mare, de Felicidad Batista

Finis mare, de Felicidad Batista

Portada_Finis_Mare_2ª_edición

Una reseña de Rubén Mettini

Edición Escritura entre las nubes, 2017 (2ª edición)

¿Cómo hablar de una novela que nos tuvo atrapados hasta la última página?, ¿cómo poner adjetivos a una lectura que nos ha dejado sin palabras? Finis mare me subyugó y que este verbo intente decirlo todo. Cada noche, leía unas páginas como si se tratara de un licor añejo que se saborea a pequeños sorbos, como demorando el momento de llegar al final. Me dejaba invadir por los misterios que la novela encierra y que Felicidad Batista, poco a poco, con pulso seguro, nos va revelando.

El personaje central, Miranda, es hija de Eloísa Valdivia Owen. Su madre la concibió de los amores de joven con Arturo Acuña, un amor prohibido que se terminó al conocerse el embarazo de Eloísa. Arturo y toda su familia renegaron de la madre y de la niña. Durante toda su vida, Eloísa le repitió una y otra vez que debía odiar a los Acuña. Miranda creció con la aversión hacia su familia paterna. Ese rencor dura aún después de la muerte de Eloísa. Sin esperarlo, en 2013, cuando se abre el testamento de Arturo Acuña, su padre le deja en herencia una casa en la playa.

Al avanzar la trama, iremos conociendo el pasado de Miranda y su presente con esa herencia tan cargada de sentimientos contradictorios. Sabremos que ella es profesora de latín y griego. La lengua latina está muy presente en la novela. Las frases en latín van apareciendo para aclarar un concepto, en frases que la protagonista cita con frecuencia (traducidas a pie de página). Además, van surgiendo en el texto citas en inglés o francés y algunas expresiones en gaélico, una lengua de extrema dificultad, hablada en Escocia, cuya literatura también fue admirada por Borges.

El lector ira descubriendo, junto con el pasado de Miranda, las realidades que su madre le ocultó. Poco a poco, ella irá desentrañando esa telaraña. Y los otros, los vecinos del pueblo tinerfeño llamado Bórcor, a través del cotilleo, de los chismes, le irán revelando esos secretos. El proceso de develado es muy claro, porque la autora no pierde nunca de vista la claridad de la trama, haciendo su prosa nítida y luminosa. Creí sentir un eco de Mararía de Rafael Arozarena, donde son los otros los que paulatinamente van levantando los velos del misterio.

Pero la historia de Miranda Valdivia la vamos conociendo a través de un narrador o narradora que nos la cuenta en detalle. Durante gran parte de la lectura, el lector curioso se pregunta quién es esa persona que ha aparecido en la primera página y que ha sabido tanto de la vida de esa mujer. Cito las palabras del Preámbulo de la novela:

«¿Quién es Miranda Valdivia? Es la pregunta que, incansable, me repito. Busco una respuesta que me ayude a desentrañar su misterio. Quizá una vez revelada pueda comprender el mar de silencio que nos envuelve, la niebla que nos cubre, el laberinto que nos atrapa.

Me adentraré en cada uno de sus pasadizos para excavar galerías y descender a los pozos que la habitan. Y en ese recorrido, por túneles y madrigueras, buscar el hilo de Ariadna y encontrar la luz de la salida.»

Cuando se descubra ese narrador o narradora se abrirá una nueva caja de secretos y el lector seguirá allí, embelesado en la lectura, conociendo hasta lo más profundo el secreto de esas vidas que, inevitablemente, repitieron los errores de sus antepasados. Así la autora creará un verdadero árbol genealógico de seres que amaron y odiaron, que callaron, que mintieron y que fueron profundamente humanos, porque es en el error y no en el acierto donde se conoce la auténtica vibración del ser.

Felicidad Batista tiene una especial predilección por la cultura argentina y por sus autores. El pueblo tinerfeño llamado Bórcor proviene de la unión de los nombres de Borges y Cortázar. En la vida pasada, hubo un amor en Argentina, un hombre llamado Julio con quien ella bailó tangos y que dejó huellas profundas en la vida de Miranda.

No es azar que ese amor se llame Julio como el autor de Rayuela. La admiración se nota en las topografías que Miranda recorrió desde el norte hasta la Patagonia, en las frases con acento argentino que recuerda de su perdido amante, de los tangos que escuchó, de los autores que leyó.

La prosa de Felicidad Batista es de alto vuelo poético, profundamente detallista. La escritora posee una honda captación del comportamiento humano, pero además nos deslumbra con precisas descripciones de la geografía canaria: Bórcor es su pueblo natal, Arafo, aunque también aparecerán La Laguna, Santa Cruz, Las Palmas…. Quien conozca las islas, a través de la palabra escrita de Batista, verá los barrancos ya secos, la vegetación a veces rala, experimentará el movimiento de las mareas, sentirá correr el aire con olor a sargazos y se bañará en las piscinas naturales que forma el oleaje entre las rocas. La prosa siempre está invocando nuestros sentidos, las sinestesias transportan al lector a esos lugares que Miranda visita.

La música también forma parte de esta espléndida novela, como si se tratara de una banda sonora que la acompaña. Son muchos los referentes musicales de la protagonista: arias de ópera, tangos, viejas baladas italianas, mucha música de los 80 y músicos como Astor Piazzolla o cantantes como Antonio Vega, Diana Ross, María Callas o Ella Fitzgerald. El lector cómplice seguirá a Miranda Valdivia, compartiendo su bagaje musical.

Conocí a la autora en el Encuentro que la Asociación Tinerfeña de Escritores (ACTE) celebró en el mes de octubre de este año en Puerto de la Cruz. Estas jornadas literarias son esenciales no solo por las mesas redondas, debates y presentaciones de libros, sino para conocer a otros escritores y abrirse a nuevas literaturas. Felicidad Batista nació, como comenté anteriormente, en Arafo (Tenerife). Es Licenciada en Historia del Arte y bibliotecaria. Sus libros de relatos publicados, para quien quiera acercarse a su escritura, son Los espejos que se miran y Relatos de la Patagonia. Enumerar sus premios literarios haría la reseña excesivamente prolija. Si están interesados en conocer su literatura pueden visitar el blog literario: http://www.buenosaires1929cafeliterario.com.

Rubén Mettini

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