TE RECOMENDAMOS… El diablo se esconde en los detalles, de Yurena González Herrera

El diablo se esconde en los detalles de Yurena González Herrera

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Una reseña de Rubén Mettini

Edita: Escritura entre las nubes, 2016

Mi visita a Tenerife con ocasión del Encuentro de Escritores organizado por Graciliana Montelongo, me permitió regalarme con tres libros de dos autoras y un autor jóvenes que llamaron mi atención, magníficos regalos en torno al Día del Libro. Aida González Rossi presentó un precioso poemario, Deseo y la Tierra; Fabio Carreiro Lago me regaló su libro Arqueología Experimental y, gracias a la Librería de Mujeres, un lugar donde todas las propuestas literarias son acogidas, pude conseguir el libro de microrrelatos, El diablo se esconde en los detalles. En sucesivas reseñas comentaré cada uno de estos libros. Hoy me detendré en la selección de cuentos de Yurena González.

El espléndido encuentro organizado por Manuel Díaz García en Juncalillo, llamado ELVA, entre el 13 y 20 de abril de 2018, incluyó un taller de microrrelatos coordinado por un autor que tiene amplia experiencia en este género breve, Juan Carlos de Sancho. Ese taller me llevó a sumergirme intensamente en una forma narrativa muy de moda, llamada también “microficción”.

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Puedo decir sin equivocarme que Yurena González es una de las mejores “microficcionistas” (perdón por el neologismo) de las islas. Construye sus cuentos como un orfebre, trabajando cada palabra con finura y delicadeza, con poesía, con plena conciencia de hacia dónde quiere dirigir su trama, abriendo un camino entre esas 100 o 200 palabras no para aclarar, sino construir una red donde el lector quede atrapado, a veces desconcertado. Cada relato de su libro requiere varias lecturas, cada noche vuelvo una o otra vez a ellos y voy hallando sentidos implícitos, aparentemente oscuros, que se van develando tras diversos repasos de sus líneas.

En el libro hay muchas referencias a la literatura y, también, al cine y a las series. Sabremos que vio Twin Peaks o Blade Runner y que nutrió su intelecto con Kafka, Italo Calvino o Lovecraft. Además, deducimos que leyó a los escritores de novela negra y los autores de ciencia-ficción. Y que, naturalmente, visitó las moradas de los autores latinoamericanos. Esa intertextualidad o guiños a la cultura resultan muy estimulantes. Sabemos que la autora se dirige a un lector que sepa leer entre líneas, en los títulos de los microrrelatos y en sus finales.

En medio de tanto “buenismo” literario de las islas, con poemas y relatos que nos hablan del sobrinito, del abuelo difunto, de la preciosa mascota, del amante y de la novia que nos abandonó, agradezco infinitamente que Yurena González no tenga temor de llenar sus relatos con muertes supuestas, crímenes y seres desalmados. Incluso algún asesino que mata porque cree que así libra a sus víctimas de un destino no deseado por ellas. Se lo agradezco al leerla porque este aspecto me hace plenamente consciente de que la autora apunta a una auténtica literatura, no a los sucedáneos que vemos cada día en Facebook. En el magnífico prefacio que ha escrito Daniel Bernal al libro menciona este aspecto. Lo cito textualmente:

«El diablo se esconde en los detalles apuntaría, pues, tanto a una exploración de los múltiples mecanismos en los que la maldad se manifiesta (crueldad, tortura, asesinato, odio, rechazo, vejación), como a un desvelamiento de los distintos roles que cada sujeto asume en la sociedad».

A manera de brevísima reseña biográfica diré que Yurena González Herrera nació en Santa Cruz de Tenerife. Es historiadora, investigadora y bibliotecaria y, desde el año 2012, coorganiza los Encuentros de Escritores de Microrrelatos que se llevan a cabo en la Librería de Mujeres. Y como no puedo alargarme, creo que la mejor explicitación de la calidad de este libro es reproducir un breve relato que nos deja literalmente helados:

Las cosas de una persona

Me costó asumirlo pero tuve que aprender a vivir siendo uno, otra vez. Resultaba ridículo tener allí su ropa y sus cosas, como si fuese a volver a usarlas. Cuando guardé la última blusa y tomé verdadera conciencia de su falta, pensé que, aún siendo uno, podría visitarla de vez en cuando para hablarle sobre cómo me había ido el día o cómo estaban los chicos. Solo tenía que bajar al sótano y abrir el congelador.

Quien desee aprender a escribir un microrrelato y quiera conocer los resortes que exigen que este género sea sugestivo y poco explícito, recomiendo que consiga un ejemplar de El diablo se esconde en los detalles.

 

Rubén Mettini

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