Inma Flores – Se acerca la Navidad

Se acerca la Navidad

bollos

Acababa de salir del colegio con las notas en la mano. Estaba feliz: un sobresaliente, tres notables  y el resto un bien, salvo en matemáticas donde sólo había sacado un sufi.

Entró en la cocina de su casa, alborotando:

¡Mami, mami! ¡¡Aprobé todo!!

Su madre se acercó a él con una sonrisa en los labios y los ojos llorosos, le acarició el semblante, dando hacia atrás a sus cabellos para posteriormente besar su despejada frente.

¡Felicidades!!, le dijo con una sonrisa amarga

¿Qué pasa?, preguntó el chiquillo, con una expresión de asombro.

Nada, no te preocupes, nada que no se pueda solucionar.

Acto seguido escuchó un ruido en la habitación contigua y a los pocos minutos apareció su padre en el quicio de la puerta.

– Hola papi – le dijo- He aprobado todo.

Felicidades, Mario, enhorabuena. Me alegro de que haya sido así, contestó.

-¿Por qué estás en casa, ocurre algo?, preguntó intuyendo que algo no iba bien.

– No te preocupes, no ocurre nada que no se pueda solucionar. Me han despedido. Este año vamos a tener unas Navidades muy frías, contestó el padre mientras su rostro de descomponía.

Mario sintió que su mundo se entristecía. Sabía por su amigo Carlos que ahora iban a pasarlo mal. El padre de Carlos se había quedado sin trabajo a comienzos del verano y ahora estaba viviendo con sus abuelos. El muchacho no tenía abuelos, el último de ellos había fallecido tres años atrás.

De repente le entraron ganas de recordarlos y se fue en busca de una caja donde su madre guardaba todas las fotos y los viejos recuerdos. Se estuvo recreando con su contenido toda la tarde. Entre su contenido encontró un viejo cuaderno de recetas, escritas a mano, que tenía aspecto de ser más antiguo que él. Lo estuvo ojeando y descubrió que allí estaban  los secretos de cómo preparara algunas de las cosas que más le gustaban: truchas de batata, polvorones, galletas de navidad, bollos, arroz con leche…

Su estómago comenzó a hacerse aguas. De repente se le ocurrió una idea

-Seguro que mamá no está para hacer ningún postre navideño. Sus ojos están demasiado tristes. Prepararé una sorpresa para ella.

Acto seguido tomó nota en un folio:

  • Medio kilo de  harina
  • Tres vasos de los de nocilla repletos de azúcar
  • 2 Huevos
  • 1 vaso de leche
  • 150 gr. de mantequilla
  • Matalauva
  • Canela en polvo
  • Anis
  • Aceite

Miró en la cocina y estaban todos los ingredientes. Acostumbraba a ayudar a su madre a cocinar los fines de semana por lo que le fue fácil localizarlos.

Los viernes su madre solía visitar a una de sus tías mayores, de casi 80 años, y pasar con ella toda la tarde así que contó a su padre sus intenciones y éste decidió que le ayudaría.

En cuanto su madre salía por la puerta, ambos entraron en la cocina. Buscaron varias ondillas, y comenzaron a añadir los ingredientes:

Vaciaron la harina y la comenzaron a mezclar con la mantequilla (que Mario había sacado de la nevera desde el mediodía) , luego le añadieron los huevos, el vaso de leche, la canela, la matalauva, el azúcar… y mientras su padre le iba añadiendo los ingredientes, el muchacho no paraba de amasar. Al final un chorrito de anís y la masa quedó perfecta. En el papel decía que debía dejarse reposar al menos media hora, por lo que decidieron tomar su merienda antes de dar forma a los bollos.

Untaron la mesa de harina y comenzaron a tomar trocitos de masa, hacer con ellos un rollito alargado y luego haciéndoles un nudo con los extremos para luego depositarlos sobre la mesa. Cuando ya los tenían todos hechos, su padre puso una sartén al fuego bien llena de aceite.

Ahora vamos a darle el toque de tu abuela Carmen, mi madre, dijo, sonriente, mientras tomaba un limón y arrancaba su cáscara para depositarla en la sartén.

Una vez se fue calentando el aceite y dorándose los bordes de la cáscara del cítrico lo retiró.

Ya está, ahora tendrán su toque especial, sabrán a limón. A tu madre le van a encantar- dijo el padre.

Una vez iban sacando los bollos fritos los depositaban en un plato, sobre unas servilletas absorbentes y les esparcían por encima un poco de azúcar glass.

Sin que se dieran cuenta, había oscurecido.

– ¡Mario, Juan! ¿Dónde están? – se escuchó desde la entrada de la casa- ¡¡Qué bien huele aquí!!

¡Mami, estamos en la cocina!- dijo el chico mientras la madre se asomaba- ¡¡Sorpresa!!

– Pues sí, ¡menuda sorpresa!

En ese instante se abrazaron. Corría mediados del mes de diciembre. En ese hogar había comenzado la Navidad.

Facebook: Inma Flores

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4 comentarios

    • Muchas gracias Rito Santiago, son aromas de la niñez, el olor de la cocina de las abuelas, algunas veces con la talla del agua cerca, los platos de cristal transparente y aquellas enormes bandejas de bollos… que parecían interminables, pero que como te descuidaras… desaparecían como por arte de magia. Me alegro muchísimo de haberte trasladado a esos recuerdos. Un saludo.

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  1. ¡QUÉ BONITO! UN RELATO ESTUPENDO Y MUY, MUY BONITO, TE EMOCIONAS AL FINAL. HAY QUE SACAR EL PAÑUELO. ME GUSTÓ. FELIZ NAVIDAD Y PROSPERO AÑO NUEVO A TODOS DESDE LONDRES. ¡FELICIDADES INMA! ANDREA MOLINA.

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    • Muchas gracias Andrea. Me alegro muchísimo de que te haya gustado. El que te hayas emocionado significa que tienes un corazón muy, muy sensible y bondadoso. Feliz Navidad y espero que 2016 te traiga muchos instantes en los que te sigas emocionando y disfrutando muchísimo de la vida. Recibe un fortísimo abrazo desde esta isla atlántica, a la vez que un rayito de sol con un besito canario cargado de aroma a mar.

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