Un hilito de agua
Hay lugares donde las dificultades forman parte de la vida cotidiana.
En Pipa, buscar soluciones a los problemas parece ser el pan nuestro de cada día; problemas que, muchas veces, no se buscan, sino que se regalan. Sin agua y sin corriente se sufre, fina tortura psicológica. No se piensa ni se puede y, por ende, el mal humor se dispara. Aunque el pipero de pura cepa hace bueno el refranero español que dice: «Al mal tiempo, buena cara», de tal forma que hacen del humor y la música sonera su santo y seña de identidad. Porque la risa no es ajena a la vida y, a veces, toca reírse de las propias dificultades que vienen de forma inherente al sentido de la vida que ha tocado vivir.
Algo parecido ocurre con el resto de las infraestructuras. Si deseas rentar un carro, ten paciencia y espera; quizás, con un poco de ella y un mucho de plegarias, se consiga.
El radiador del auto también puede convertirse en una metáfora. Cuando se obstruye y recalienta el motor de la cabeza, hay que cambiarlo para solucionar el problema de raíz. El calor del fuego quema si te acercas demasiado, pero si lo pones bajo hielo, aunque este termine derritiéndose, consigue enfriarlo.
La temporalidad permite que las acciones disuasorias no vayan con uno, pero ello, en sí mismo, no puede romper nuestra calma, pues no existe situación que no alcance solución. Aunque todo hay que decirlo, Pipa ha ido desdibujando su identidad, su fortaleza, el sentido de la vida y, la dignidad de su gente, se diluye a alta temperatura en una caldera de agua a presión para convertirse en mero vapor ignorado. Al pipero solo le queda resistir con la fuerza que Dios le da: un día se convierte en una eternidad.
En Pipa, mientras las cisternas figuran vacías, todo el mundo tiene mango, según el bueno de don José. Y, para lavar la cara de pena, ¿qué mejor que la dulzura de un buen mango en el paladar?
Hay cosas que sólo se entienden cuando se viven. Un hilito de agua puede dar mucho de sí, puede despertar los sentidos e incluso cambiar el humor: puede hacer que uno piense en positivo cuando todo parece empujar en sentido contrario.
Quizá esa sea una de las enseñanzas que Pipa ofrece sin proponérselo: cuando falta aquello que creemos imprescindible, siempre queda algo con lo que seguir adelante. A veces es un mango y, en otras, una sonrisa desinteresada o, simplemente, la paciencia de esperar. Porque la necesidad, cuando aprieta, también despierta algo que llevamos dentro. La necesidad empuja, es prima hermana de la creatividad y, ambas, son capaces de inventar en el marco de una distopía.