Luis León Barreto – El paquistaní

El paquistaní                               

¿De dónde había salido aquel hombretón de tez oscura, dientes muy blancos y sonrisa fácil?

Supo que había sido un comerciante, un empleado de bazares que tenía maña con los clientes. Era un gran vendedor, y así lo apreciaban los dueños del establecimiento.

Tenía dos primos que se instalaron en los Emiratos como peones de la construcción, y sin duda que a ellos les iba mucho peor: trabajaban en un régimen de esclavitud con unos salarios indignos y malas condiciones de sus viviendas.

Y, sin embargo, levantaban enormes rascacielos, construían mares artificiales, y hasta una pista de esquí en pleno desierto.

Los imperios se sostienen con sangre.

Cuando las cosas se pusieron mal, por su divorcio y porque una multinacional compró el mercado en que él ejercía su trabajo, escogió la ruta más larga y peligrosa para llegar al sueño.

Cruzó hacia el oeste, Arabia Saudí, Egipto, Libia, Argelia. Y al fin Marruecos, desde donde salían pateras.

Afrontas un largo éxodo y al final puede que tu frágil embarcación se quede a merced de las corrientes y acabe llevándote a las Antillas. Y allí serás un esqueleto entre los restos de un cayuco, al borde de una playa de cocoteros en cualquier islita de blancos arenales. Porque los vientos son traidores, y a veces hacen que la ruta se desvíe hacia el infierno sin orillas.

Luis León Barreto

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