‘El sueño de Troya’ de Alfonso Goizueta
Una reseña de Rubén Mettini
Me da alegría constatar que esta es la reseña número 100 que escribo para Palabra y Verso Escritoras y Escritores. Comencé en febrero de 2016 con mis sugerencias de libros y de eso hace diez años. Una increíble fidelidad a la literatura y a la Asociación.
Hacía tiempo que una novela no me tenía tan fascinado con la historia narrada y con la prosa desplegada por el autor como ocurrió con El sueño de Troya (Editorial Planeta. 2025) Una novela brillante, con un engarce esencial de los hechos de la trama. Al leerla, nos cuesta creer que un escritor tan joven haya podido elaborar una historia tan complicada y, al mismo tiempo, tan cercana a los hechos reales que ocurrieron, a finales del siglo XIX, en las tierras del Imperio Otomano.
Los personajes esenciales son cuatro seres empeñados en llevar a cabo un trabajo arqueológico para hallar la legendaria ciudad de Troya. El que se llevó la gloria del hallazgo fue el millonario alemán Heinrich Schliemann. No hago spoiler porque estos datos se pueden encontrar en Google. El alemán es ambicioso. Sin duda, hay un interés económico en hallar las famosas ruinas, especialmente el tesoro real de Príamo y las bellas joyas de Helena. Cuando comienzan las excavaciones, en 1870, tiene 50 años. Está casado con una mujer griega joven y brillante, Sofía, que ronda los 30 años. Por su atractivo, simbólicamente representa la Helena griega, renacida en el siglo XIX.
El tercer personaje es un funcionario inglés llamado Frank Calvert. Un arqueólogo aficionado, pero con un enorme respeto por esos vestigios. Tiene una villa en la zona de la búsqueda. Una figura fundamental en el hallazgo de la soñada ciudad, aunque la gloria se la llevó el alemán.
Finalmente, el cuarto personaje, quien nos narrará la historia en primera persona, es un joven griego, Nicholas Yannikis. Schliemann lo contratará como secretario. Probablemente sea un personaje de ficción, aunque su presencia nos permite conocer los entresijos de la investigación, los enfrentamiento, amores y odios de los otros protagonistas. A veces, Yannikis se dirige al lector para subrayar algunos aspectos de la trama.
Schliemann estudió profundamente la Odisea. La fue traduciendo, palabra por palabra, a diferentes lenguas. Ya en su juventud dominaba quince lenguas. Se obsesionó con el poema de Homero y estaba seguro de que entre esas líneas se indicaba el lugar donde debía hacerse la excavación. Se trataba de la colina de Hisarlik, en el estrecho de los Dardanelos, tierras bajo el dominio del Imperio otomano. Fue criticado por otros arqueólogos por basar su investigación en un escrito aparentemente poco fiable para la búsqueda. Se supone que la Guerra de Troya ocurrió en el 1200 a. C., mientras que Homero relata en la Ilíada los hechos de la guerra en el 750 a. C. Se plantea una duda esencial. El poeta podría haber inventado las hazañas bélicas. Resulta atractiva la hipótesis de que Troya solo fuera una invención de un aeda ciego, pero invalidaría la obsesiva búsqueda de los restos.
Las excavaciones se alargan, surgen infinidad de problemas con los trabajadores contratados para perforar la roca. Muchos enferman de malaria y tienen el convencimiento de que existe una maldición en la búsqueda. El alemán Schliemann se enfrenta a Calvert y a su mujer. Su obsesión por el descubrimiento es rayana en la locura. Pareciera que los dioses y los héroes griegos quieren vengarse de la intromisión en sus secretos. Además, están en tierras otomanas, Schliemann teme que los turcos los ataquen, los expulsen de sus tierras y, finalmente, se hagan con la gloria del descubrimiento y con los tesoros troyanos.
Por fin, para acelerar la búsqueda y enfrentándose a Calvert, el alemán decide volar las ruinas. Al hacerlo, descubre que existen nueve ciudades de diferentes épocas, en capas, una sobre otra. En la capa seis se hallaba la ciudad de Troya. La capa nueve, la más profunda, correspondería a la época micénica. El mundo micénico se extinguió durante el colapso de la Edad de Bronce Final. Luego sobrevino la llamada Edad Oscura griega, un período de transición del que poco se conoce y que daría paso a la Época arcaica. ¿Era fiable Homero como historiador? ¿Existió Troya o fue un recurso de un ciego para inventar un poema épico?
Las excavaciones se extendieron entre 1873 y 1890. Por fin, cuando pareciera que la búsqueda está arrastrando a la locura a Schliemann, cuando trabaja sin descanso, ya alejado de su mujer, de Calvert y de Yannikis, halla lo que llevaba años buscando: una colección de joyas de oro, vasijas, fragmentos de cerámica… 260 piezas que el alemán llamo el Tesoro de Príamo.
Con 23 años, Alfonso Goizueta obtiene el Premio Planeta con la novela La sangre del Padre, sobre la vida de Alejandro Magno. En 2025 publica El sueño de Troya, esta maravillosa novela que me tuvo muchos días atrapado en su trama. No solo el desarrollo histórico es riguroso, sino que el léxico es muy rico y preciso. Y, entre las líneas, se siente un aliento poético que pareciera imposible que posea un escritor tan joven.
Goizueta nació en Madrid en 1999. Es licenciado en Historia y Relaciones Internacionales y Doctor de Relaciones Internacionales, títulos otorgados por la King’s College London. Pertenece a una antigua familia madrileña que cuenta con diplomáticos y empresarios entre sus antepasados. Es nieto de Torcuato Luca de Tena que seguramente recordarán por la novela Los reglones torcidos de Dios. Además, creó y gestiona un interesante podcast sobre temas políticos, historia y literatura llamado La torre del Faro. Puede seguirse en Spotify.
Si les interesa la historia griega y los temas arqueológicos no dejen de leer esta novela.


