TE RECOMENDAMOS… ‘El trompo del diablo y otros relatos’ de Davicalpa


‘El trompo del diablo y otros relatos’ de Davicalpa

Una reseña de Rubén Mettini

El 13 de febrero se presentó en la Librería Aranfaybo El trompo del diablo (Ediciones Garoé, 2026), la primera publicación de un escritor que aprecio. El autor de este libro lleva mucho tiempo publicando en su página de YouTube Gafas y ojeras (@gafasyojeras), recomendando libros de terror y escribiendo acertadas reseñas sobre la literatura sombría. En él ya estaba la simiente del gran escritor que ahora se ha manifestado. Quizás necesitaba un empujón para transformar la semilla en una suntuosa planta.

En el Posfacio, el autor explica que, en las ferias de libro a las que asistía, hubo escritores que lo estimularon a animarse a dar el paso. Allí se cita a Luis A. Henríquez, Germán Vega, Ruben Mettini y María Yuste, todos pertenecientes a la Editorial Garoé. Fuimos nosotros quienes le sugerimos que, como llevaba muchos años trabajando como enfermero en cuidados paliativos y en las unidades de vigilancia intensiva del hospital, debía de tener variadas historias que podrían ser material para numerosos cuentos.

En el prólogo Leandro Pinto sugiere que la literatura de terror de Davicalpa podría denominarse «horror hospitalario», una definición muy ajustada a la realidad. Me detengo para recomendar leer a Pinto. Diría que es el mejor escritor sobre temas de horror en la isla. Lo llamaría El Monarca de los vampiros, esta es su especialidad.

Volviendo a Davicalpa, al leerlo descubrimos que posee un absoluto dominio del cuento. Cuando comenzamos una historia estamos seguros de que nos llevará a buen puerto, aunque el puerto nos erice el vello o nos abandone con una inquietud inevitable. Parte de hechos reales, vividos en el hospital, y los lleva a la ficción, con acertadas metáforas, con mucha poesía y, a pesar de tratarse de cuentos de horror, con enorme dulzura. Los cuentos plasman la personalidad del autor que impregna las inquietantes historias de una humanidad que desborda los límites de los relatos.

Davicalpa tiene a su favor los conocimientos de medicina, cosa que le permite explicar cómo avanza un catéter o cómo actúan los fármacos inmunosupresores, pero lo hace con un lenguaje directo, muy comprensible, nada sofisticado. Construye la prosa con cuidadas imágenes y elaboradas atmósferas. Pienso que el horror más que en la trama del cuento, se halla en el lenguaje. La lengua utilizada es la que construye la efectividad del relato. Podrían describirse hechos sencillos, simplemente una gota de sudor que corre por la espalda o una luz que titila en la oscuridad. Si esos hechos nimios están narrados con la lengua adecuada, pueden transformarse en inquietantes premoniciones. Y el autor controla la eficacia del lenguaje para otorgar un verdadero placer de la lectura.

El título del libro El trompo del diablo corresponde a un magnífico relato del libro, basado en una leyenda que prohibía a los niños tirar el trompo después de que se hubiera ocultado el sol. Cito el fragmento en que explica la leyenda:

«Se suponía que el zumbido que producía el trompo contra la tierra tenía la capacidad de invocar al demonio, o algo así. Sobre todo, si lo lanzabas poco después del anochecer. Los rumores afirmaban que, en aquellos casos, podía notarse la presencia de un hombre extremadamente alto, al que no se le podía ver la cara, cuya sombra parecía moverse por libre, como si no le perteneciera. Un ser que no pertenecía al mundo de los vivos […] Todos le adjudicaban las desapariciones de los niños en la isla».

El libro tiene una preciosa edición a las que ya nos tiene acostumbrados Ediciones Garoé. Si buscan temas de miedo y terror, lean esta primera publicación de Davicalpa, no los defraudará.

Rubén Mettini

Deja un comentario