‘El monte de las Ánimas y otras leyendas góticas’ de Gustavo Adolfo Bécquer
Una reseña de Rubén Mettini
En la inauguración de la Librería Aranfaybo, a finales de agosto, compré el libro más hermoso del año 25. Un libro de tapas duras, con las sugestivas leyendas góticas de Gustavo Adolfo Bécquer (Editorial Valdemar, 2024), acompañadas de las hermosas ilustraciones de Oliver Díaz. Pasé horas de mis noches deleitándome con las lecturas y viendo los dibujos que acompañan a cada cuento. Aquel día, Oliver Díaz estaba en librería y, sobre la marcha, apoyado en el viejo piano, me hizo un precioso dibujo de un caballero llegando a un antiguo castillo, dibujo que incluiré en esta reseña.

Gustavo Adolfo Bécquer nació en Sevilla en 1836 y murió en Madrid en 1870. Fue infinitamente conocido por sus rimas. Los estudiosos lo consideran un poeta y narrador del Posromanticismo. Aunque en vida alcanzó cierta fama, solo después de su muerte y tras la publicación del conjunto de sus escritos obtuvo el prestigio que hoy tiene. Sus Rimas y Leyendas constituye uno de los libros más populares de la literatura hispana.
A medida que viajaba, el autor tomaba las diferentes ciudades como escenarios para sus leyendas. Al trasladarse a Madrid –una ciudad que le pareció horrible–, llamó a Sevilla «el Edén perdido». Dos de sus leyendas están ambientadas en su ciudad natal, como Maese Pérez el organista y, también, La Venta de los Gatos, un relato sobre un pintor que visita una taberna del barrio de San Jerónimo donde se bebía, se cantaba y se bailaba y que el poeta solía frecuentar.
Cuatro de sus leyendas las sitúa en Soria, como El monte de las Ánimas que da título al libro, una historia que recuerda una cruenta batalla entre los Templarios y los nobles de Castilla en un lugar que quedó maldito. En la Noche de Difuntos los muertos vuelven a ese monte para reeditar sus luchas sangrientas. Hay dos leyendas ambientadas en Cataluña, aunque se supone que nunca estuvo allí. Otras dos están situadas en Navarra, como La cueva de la mora. Esta historia se remonta a la época de la Reconquista. Un caballero cristiano, prisionero de los moros, se enamora de una bella musulmana. El desenlace, típico del romanticismo, es dramático y los amantes se encontrarán y vagarán juntos después de muertos. En Aragón, el escritor se hospedó en el Monasterio de Veruela, en las faldas del Moncayo, donde se recuperaba de su tuberculosis. Allí escribió dos leyendas y, también, Cartas desde mi celda, donde cuenta la inquietante historia de Las brujas de Tramoz. Las leyendas fueron publicadas a lo largo de su vida. Las Rimas, en cambio, corrieron un serio peligro cuando un incendio casi acaba con ellas, por lo cual sus amigos decidieron publicarlas.
En el comienzo de algunas de las leyendas se observa cómo el narrador es un personaje que le cuenta a otro la historia de la que trata el relato. Luego, en el desarrollo de la trama, se pasa a un narrador omnisciente. Es un mecanismo típico de la literatura fantástica y gótica. Si hay alguien que contó la historia, ese alguien real o imaginado genera una fuerte credibilidad, incluso relatando hechos muy inverosímiles. Una de las características de Bécquer consiste en utilizar el lenguaje coloquial para dar mayor verosimilitud al relato. Lo realmente admirable en su espléndida prosa son los ámbitos que inventa, creando atmósferas misteriosas que nos llevan de la mano al interior de la leyenda, sin que el lector tenga claro hacia donde lo guía.
Narraré el argumento sólo de una de las leyendas, Los ojos verdes, que acompañaré con la sugerente ilustración que creó Oliver Díaz. La historia gira en torno a los espíritus femeninos demoníacos que habitaban el Moncayo. El cuento nos habla de Fernando, un noble que, yendo de cacería, dispara a un ciervo que justo se cuela en una parte del bosque donde se halla una fuente considerada maldita: la Fuente de los Álamos. El temerario noble termina entrando a buscar al animal y, en el reflejo del agua, alcanza a ver unos ojos verdes que provocan que pierda la razón. Desde ese momento, sale todos los días de caza esperando encontrarse con la dueña de esos ojos. Finalmente consigue vislumbrar a la bella mujer de los ojos verdes. Le confiesa su amor y ella le responde que podrían estar juntos. Fernando se va adentrando en la fuente para reunirse con ella con un desenlace trágico para su vida.
Recomiendo no sólo la lectura de este libro ya clásico, sino también la visita a la Librería Aranfaybo, en el barrio de Triana. La primera librería en las islas en dedicarse a la literatura gótica. Allí pueden hallarse auténticas joyas de literatura clásica y contemporánea.
Rubén Mettini


