‘Arenas blancas’ de Juan Ramón Tramunt
Una reseña de Rubén Mettini
Arenas blancas ( Mercurio Editorial. 2024) consigue ser un afectuoso homenaje a la isla de El Hierro, en la década de 1930. Toda la topografía que cita el autor corresponde a lugares reales de la isla. El protagonista, Ferran Quincoces, es un joven pintor catalán que queda afectado por la venta de la propiedad familiar en Barcelona. Perdiendo su estudio de pintura en esa transacción, decide viajar a algún lugar remoto. Inicialmente piensa en Guinea, pero el barco lo deja en la isla de El Hierro. Allí conoce a Rogelio Peñasa, un terrateniente poseedor de una gran extensión de tierras y que se encarga de la producción y exportación de vinos y quesos. Prácticamente no hay forasteros en la isla, Don Rogelio acoge a Ferran en su casa, en el pueblo de Sabinosa.
A partir de allí, conoceremos a la mujer de Rogelio, Doña Clorinda, que sufre por su hija que ha desaparecido hace cuatro años. La señora le encarga al pintor un cuadro que reproduzca con fidelidad el rostro de su hija Ofelia, copiándolo de un portafotos. También aparecerá la servidumbre de la casa y Ferran irá descubriendo los secretos guardados durante años entre esos personajes.
La prosa esmerada y precisa de Juan Ramón Tramunt se mueve con agilidad en una historia de misterios no resueltos y que se irán revelando al avanzar la trama. La llegada del personaje a la isla ocurre cuando se declara la Segunda República en España, esto nos da una idea de la pobreza de la isla en esa época.
Me llamaron la atención muchos aspectos del estado de indigencia de los habitantes. La familia de Rogelio Peñasa es la única que posee un pozo con agua dulce. El resto de la gente se baña en las charcas o se vale del agua del mar para sus burros y cabras. Los productos necesarios para la subsistencia los trae el barco del correo desde Tenerife. Incluso las telas y pinturas que necesita Ferran para su oficio deben encargarse en la isla vecina. La gente se mueve a pie o en burro. Comprar un caballo es caro. Solo una familia adinerada puede trasladarse en una calesa. Todo este modo de vida va despertando la atención en el desarrollo de las vidas de esos seres que construye Tramunt con dinamismo narrativo.
Aparecen las actividades ligadas a la vid y el vino, un aspecto que el autor conoce en profundidad porque también se dedicó a estos menesteres. Cuando deciden utilizar barricas viejas las lavan y las desinfectan con azufre. El lector verá la vendimia y, luego, comprenderá el esfuerzo de los hombres pisando la uva en el lagar. Y la ceremonia de probar el vino nuevo constituye una fiesta, donde el terrateniente invita a todas las autoridades destacadas de la isla.
En el final de la novela, un final lleno de peripecias sorpresivas, que se lee sin un respiro, descubriremos las difíciles circunstancias por las que atravesaron algunos de los personajes creados con maestría por el autor. Y como he dicho al comienzo de la reseña, cada página de esta novela manifiesta el profundo amor del autor por la isla de El Hierro. Recomiendo disfrutar de la lectura para descubrir todos los secretos de esta novela y conocer mejor a una isla donde aún no ha llegado el turismo masivo.
Juan Ramón Tramunt nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1955. Es hijo de emigrantes catalanes que se trasladaron a Canarias en la década del 40. Ha sido profesor de Lengua española y Literatura y también dio clases de inglés en Enseñanza Primaria y Secundaria. Además, ejerció como orientador psicopedagógico.
Ha escrito varios libros de poseía y de narrativa. Tiene cinco novelas publicadas, entre ellas La hembra del centauro (2004), La piel de la lefaa (2013) y Anturios en el salón (2016). También escribió varias obras teatrales.
