‘Paracuellos’ de Carlos Giménez (versión para los que no leen tebeos)
Una reseña de Antonio Cerpa
Nadie podrá explicar mejor qué es, cómo y de qué trata la novela Paracuellos ( Editorial Reino de Cordelia) que su propio autor, Carlos Giménez, y así lo hace en su directo prologo él mismo, al cual les remito desde ahora a que lo lean y se ahorren mis palabras, que bien poco podrán aportar o añadir a ese texto tan claramente redactado pero si deciden seguir leyendo, lo que por aquí les dejo son las gracias y me sumerjo en mi comentario.
El prólogo del autor lleva por título: “Para los que no leen tebeos” y, ciertamente para los que no leen tebeos, Carlos Giménez seguramente es un gran desconocido. ¿Quién es este escritor del que nunca habíamos oído hablar? Si entendemos, fuera de florituras, que la novela es básicamente el arte de narrar historias, nos encontraríamos frente a un narrador nato, un contador de historias puras con un singular talento bien desarrollado durante décadas de trabajo, porque si de cosas básicas hablamos Carlos Giménez se podría catalogar como eso: un virtuoso contador de historias que emplea un medio distinto. Carlos no solo narra con texto escrito, embellece sus historias con dibujos descriptivos con el singular lenguaje de los tebeos, porque es ante todo eso: un dibujante de tebeos, un contador de historias gráficas.
Estamos ante uno de los historietistas más importantes de nuestro terruño patrio que nos ha dado los títulos más celebrados en el arte de hacer viñetas (desde su Dani futuro, Hom, Koolau el leproso, entre otros muchos títulos, y el que aquí comentamos: Paracuellos).
A Giménez no le es ajeno adaptar con éxito al mundo de la viñetas las novelas de otros autores, (algunos prefieren definir más como “versionar” que “adaptar”) ya que esa adaptación supone, en la mayoría de los casos, una “versión” más o menos fiel de otro autor a un medio de expresión distinto. Lo que aquí propone Carlos está muy lejos de “versionar” pues es el mismo autor quien traslada su creación del mundo de las viñetas a la literatura pura, del tebeo a la novela, aunque él mismo confiese sus dudas con respecto de si lo que escribe es una novela (que lo es) debido a su carácter fraccionario en relatos cortos que se prolongan en más de setecientas páginas, lo que le confieren una unidad narrativa casi única, con el resultado final de hilvanar pequeñas perlitas unidas por el hilo común de la inocencia rota de sus protagonistas.
Durante cinco décadas, este veterano y curtido autor desarrolla en nueve álbumes sus recuerdos, más agrios que dulces, los de su castrada infancia vivida en los hogares de Auxilio Social, en una España pintada de gris, sangre y negro, bajo el yugo y las flechas de una dictadura poco generosa con los vencidos, capaz de hacer de verdugo de unos niños que poco o nada, sabían ni comprendían de golpes de estado ni de venganzas nacionales.
Historias de abusos, hambre, pecado y frío con esa visión inocente que tienen los niños hacia la amistad y los sueños de futuro (en muchos casos, sueños rotos). Carlos estuvo allí, su alter ego ‘Pablito’ da fe de ello; con él su amigo Adolfo, y Moratalla, y el abusón de Porterito y tanto otros a los cuales el autor rescata del pasado para darle nueva vida en sus páginas.
Historias de supervivencia… En los Hogares de Auxilio social no se preparaba solo a niños sirvientes del régimen, la cuestión era poder salir de allí con las menos secuelas posibles, ser duro era la condición natural para poder sobrevivir y Carlos, Pablito, era sobre todo un artista, alguien muy lejano de ser un “duro” de verdad, era más un justiciero al estilo de su admirado “Cachorro”, el héroe creado por el genial Iranzo, que soñaba con ser un futuro dibujante de cómics al que ni el hambre, ni el frío, ni los golpes y mucho menos el castigo del infierno, pudieron borrarle nunca su sonrisa, su amplia y limpia sonrisa de la cara y del corazón.
Paracuellos es un tebeo, ahora también una novela autobiográfica, o casi, de lo que fue, de ese pedacito de la historia vivida sin gloria en primera persona.
Carlos como escritor es claro, directo como su propio dibujo, no se pierde en florituras ni descripciones inútiles, aun así no escapa a guiños de poesía que puedan dar belleza a su narración. Es emotivo y duro a un tiempo, cada historia dibujada de Paracuellos encuentra en esta novela su verdadera adaptación literaria sin fallas ninguna, sin “interpretaciones” ni “versiones” que valgan pues el Carlos dibujante es el mismo que el Carlos escritor y lo deja claro desde la primera historia que cuenta, con esa narrativa de dibujar con palabras y no dejar dudas posibles, cada historia deja una puerta abierta a la reflexión personal, una clara invitación al lector a posicionarse por las injusticias sentidas a través de cada historia.
Historias para ser contadas, que todo el mundo pudiera conocerlas para entender los sótanos de nuestra verdadero pasado, la triste idiosincrasia de eso que llamamos “nuestro pueblo”, “nuestra patria”, por eso Carlos se animó a llevarlas más allá de las viñetas dibujadas y escribió esta novela, “versión para los que no leen tebeos”, reza en su título, y ya he dicho claro que para mí no es una versión, sino que es una auténtica adaptación, fidedigna, con letras mayúsculas, pero no vamos a discutir de simples definiciones.
Esta novela es una gran oportunidad para que quienes la lean, conozcan el origen gráfico de la misma y le den un buen repaso a los tebeos de Carlos y los que ya lo conozcan, se atrevan a zambullirse en el arte literario de este polifacético autor que se nos descubre como novelista, con esa madurez y conocimiento que solo puede dar la vida misma, directa, simple, clara, tal como es el arte de Carlos Giménez.
En definitiva, conozcas o no a su autor, seas lector de tebeos o analfabestia, te interese la historia o seas un escéptico empedernido, esto es una novela para leerla y sentirla.

Carlos, uno de los grandes del cómic.
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