José Vidal – El dolor oculto por la sociedad

El dolor oculto por la sociedad 

Benchara no sabía lo que era estar en casa a solas un minuto. Desde el momento que abría los ojos, vivía aterrada, se preguntaba cada segundo cómo entraría el diablo por la puerta de casa.

La primera paliza llegó cuando comenzaron a vivir juntos. Eran una pareja normal con una vida normal. Ella hizo sus maletas y comenzó una nueva vida en Gáldar con su pareja. Recuerda como si fuera hoy cada golpe, cada maltrato y, tras tanto tiempo de dolor, logró sacar fuerzas y sobre todo, el coraje necesario para dar testimonio y visibilidad a todas las mujeres que como ella han sido o son maltratadas.

“Me golpeó por primera vez un sábado, fuimos a una fiesta y no quería volver sola a casa. Siempre quiso ir de fiesta y, si no hacía lo que quería, las heridas empezaban”, contaba. En ese dolor que sentía en su interior recuerda que tomó de la mano a su pequeño y de sus padres para salir del infierno en el que vivía inmersa. 

“Tras varias palizas recibidas durante tanto tiempo, el día 30 de julio llamé a sus padres, a la Guardia civil, al 112 y 016.  Cuando los agentes se presentan en mi casa con la denuncia en la mano y el parte de lesiones médico y yo llegué para recoger mis enseres para irme a casa de mis padres, él, que estaba muy tranquilo, me dijo , mirándome con la cara del diablo, que le contara, que les dijera a los agentes que todo esto es una broma, que él no hizo eso, entonces cuando salí, me siguió y con su rabia y su maldad interior mató al perro mientras gritaba que si no volvía con él, me mataría”, recuerda con pavor.

Benchara vivía en una cárcel junto a su hijo. Su marido le decía que el lugar de una mujer era la casa. Le prohibía visitar a mis padres y su entorno familiar. Benchara vivía completamente dominada y anulada por un ser depravado, reflejo de la maldad sobre la tierra, al que tenía que obedecer si no quería sentir su piel llena de heridas. Pero Benchara fue capaz de dar el paso, gracias al apoyo de sus padres, pilar básico para poder seguir viva.

Ahora llega a casa y disfruta del sabor de la tranquilidad. Ya no hay miedo en las paredes que la rodean. Por eso quiere ayudar a otras mujeres que están pasando por el mismo infierno, porque pudo dar el paso.

Benchara perdió el miedo al diablo.

José Vidal

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