Foto-Relato No me preguntes por la poesía cuando voy por la calle Larga

No me preguntes por la poesía cuando voy por la Calle larga

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NO ME PREGUNTES POR LA POESÍA CUANDO VOY

por la Calle Larga. El campaneo multicolor, las farolas

encendidas incluso tan de mañana…pregúntame por eso.

Pregúntame por el soliloquio del empedrado de la calle,

por la estatua donde dos pueblos se hermanan y se venden

mutuamente el puñal para matar al otro. La poesía viene

después, cuando tú ya no estés preguntándome, cuando ya

no haya nadie que me pregunte nada, cuando yo mismo

haya agotado mis ansias de creación.

Pepito me confiesa que los personajes de su novela

vinieron a amenazarlo la tarde anterior. Me lo dice muy

bajito—el principal instigador está sentado en la mesa de

enfrente tomando el cortado de media mañana, es un gran

maestre borgiano—. Pepito nada sabe de poesía, pero sí

del peligro que esta trae cuando buscas la verdad, aunque

sea disfrazada. Nada más peligroso que la inocencia. Por

eso no me hables de poesía cuando voy por la Calle Larga

—el señor de la mesa de enfrente toma buena nota en el

libro de hojas en blanco que Borges hubiera escrito sobre

lo increado.

Antonio Arroyo Silva

Spleen y fuga

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3 comentarios

  1. jajaja, Antonio, ¿y cómo no hablar de poesía? ¡Si está en el ambiente! Ahora, eso sí, la figura y ‘gracia’ de Pepito está aún por ‘explotar’, y tú sabes a qué me refiero. Un abrazo, amigo.

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