TE RECOMENDAMOS… El acoso moral, de Marie-France Hirigoyen

El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana, de Marie-France Hirigoyen

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Una reseña de Inma Flores

 

La autora de este libro es una doctora en medicina y especialista en psiquiatría, psicoanálisis y psicoterapia familiar. Estudió Victimología, una rama de la Criminología, y analiza las secuelas psíquicas en las personas que han sufrido atentados o agresiones. En 1998 publica este libro que vende sólo en Francia 450.000 ejemplares y se traduce posteriormente a 20 idiomas, poniendo de manifiesto un fenómeno social cuyo alcance se ignoraba hasta entonces.

Para esta autora existe la posibilidad de destruir a alguien sólo con palabras, mentiras, miradas, humillaciones o insinuaciones a través de un proceso psicológico en el que un individuo puede conseguir hacer pedazos a otro, es decir, con el uso de la violencia perversa o el acoso moral. Marie France nos indica que este acoso se desarrolla en dos fases bien diferenciadas: la primera es la fase de seducción, a través de la perversión, por parte del agresor, con la finalidad de desestabilizar a su víctima y conseguir que pierda la confianza en sí misma y en los demás. La segunda fase es donde se produce la violencia de forma manifiesta.

Hirigoyen nos explica en esta obra,  a través de 12 capítulos (la violencia privada, el acoso en la empres, la seducción perversa, la comunicación perversa, la violencia perversa, el agresor, la víctima, consecuencias en la fase de dominio, las consecuencias a largo plazo,  consejos prácticos para la pareja y la familia, consejos prácticos para la empresa, la ayuda psicológica),  que los perversos son gente  cruel, sin emociones pero con poder, a los que sólo les interesa la apariencia y en el fondo nunca están contentos, careciendo de escrúpulos para utilizar a los otros, que para ellos no son más que meros objetos, personas que sienten compasión por los otros y que poseen gran dinamismo, que van perdiendo y entrando en confusión y desequilibrio por no entender el comportamiento del perverso, es decir, no son capaces de pensar ni entender su forma de actuar.

Estos perversos se muestran seductores (parecieran tener una eterna sonrisa), se muestran débiles, sensibles y necesitados, por lo que habitualmente quienes les rodean se vuelcan a ayudarles, y es a través del lenguaje como comienzan a confundir al otro a través de mensajes contradictorios, dejando frases al aire, insinuaciones, mienten con frecuencia, por lo que el otro nunca está seguro de lo que siente. Jamás utilizan la violencia si se sienten observados, por lo que sus víctimas jamás tendrán testigos.

Crean una relación de codependencia con su víctima, la necesitan, por lo que no aspira a destruirla inmediatamente, prefiere someterla poco a poco y mantenerla a su disposición, y si les abandona se sienten mal, la culpabilizan de ello,  pero tienden a buscar rápidamente a otra, siendo personas muy hábiles en reconocer la fragilidad de otras personas. Sólo les interesa e poder y ser reconocidos socialmente, aunque lo disimulan hábilmente.

El acosador utiliza una serie de métodos para desestabilizar al otro como por ejemplo la burla de sus convicciones, ideas o gustos consistentes en ridiculizarlo en público, ofenderlos delante de los demás, privarlo de la posibilidad de expresarse, dejar de dirigirle la palabra y un largo etcétera de acciones tendentes a anular a su víctima, lentamente y en silencio. Está persuadido de que tiene razón y no tiene escrúpulos ni remordimientos, y aunque no suele alzar la voz deja que el otro se irrite solo para luego acusarlo de que la agresión va contra él y no al contrario, acusándola de “malvada”. Lo importante es que la víctima parezca responsable de lo que ocurre. Ésta al principio tiende a justificarse y cuanto más se justifica más culpable parece.

La víctima llega a tener dudas sobre la realidad de lo que está viviendo debido a que el mensaje de un perverso siempre es vago e impreciso. Estas técnicas indirectas desconciertan al interlocutor y  en las parejas, por ejemplo, siembra las dudas mediante alusiones, guardando silencio sobre ciertos asuntos, dejando zonas oscuras a las que no se puede acceder, atormentando así al compañero con la escusa de reforzar su dependencia, con lo que cultiva los celos de la pareja. En realidad lo que pretende es paralizar a su víctima colocándola en una posición de confusión e incertidumbre que le libra de comprometerse en una relación que le da miedo.

En el mundo laboral sucede algo similar, la manipulación funciona tanto mejor cuanto que el agresor es una persona que cuenta de antemano con la confianza de la otra persona. Mediante un sentimiento similar al de la protección paternal, ésta considera que tiene que ayudarlo porque es la única que comprende. Las víctimas son especialmente  ingenuas y crédulas; no pueden imaginar que el otro es un destructor, intentan encontrar explicaciones lógicas a lo que sucede y procuran deshacer los entuertos que se van produciendo.

El principal error que comete la víctima es el de no ser desconfiada, en no considerar los mensajes violentos no verbales que recibe, pensando que si actúa con paciencia y amor el otro cambiará, cosa que no sucederá jamás, a pesar de que intenten encontrar explicaciones lógicas a esas actuaciones que no comprenden.

Mientras la autora nos explica todas estas pautas que sigue la persona perversa con su víctima va poniendo ejemplo de casos reales que pueden ser muy bien aprovechados a la hora de crear un personaje para un relato, cuento o novela, pues mientras vamos disfrutando de la lectura nos vienen a la mente situaciones conocidas, bien a través de la vida real o a través de historias leídas.

En este enlace se puede descargar el libro:

http://www.nativitas.com.ar/material/el_acoso_moral.pdf

Facebook: Inma Flores 

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3 comentarios

  1. Muy buena reseña. Un libro de gran interés, porque realmente la violencia psíquica puede ser tan nociva (o más) que la violencia física. Además es cierto que en el mundo laboral se pueden encontrar estos seres perversos que van minando la capacidad de uno o varios de sus compañeros o subordinados. Gracias, Inma Flores, por este reseña tan bien explicada.

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